SIMONE WEIL. PENSAR AMB TOTA L'ÀNIMA. 1909 - 2009
Exposició
19 de novembre de 2009 - 3 de febrer de 2010
Exposició amb motiu del centenari del naixement de la filòsofa francesa Simone Weil (1909-2009). El dia 19 de novembre de 2009 a les 19h tindrà lloc la inauguració de l'exposició a la Biblioteca de Filosofia, Georgrafia i Història (c/Montalegre, 6, planta soterrània. Barcelona).
Simone Weil «en pequeñas dosis»
En julio de 1943 Simone Weil escribía a sus padres: «Tengo una especie de certeza interior creciente de que hay en mí un depósito de oro puro que es para transmitirlo. Pero la experiencia y la observación de mis contemporáneos me persuade cada vez más de que no hay nadie para recibirlo. Es un bloque macizo. Lo que se añade hace bloque con el resto. A medida que crece el bloque, deviene más compacto. No puedo distribuirlo en trocitos pequeños. Para recibirlo haría falta un esfuerzo. Y un esfuerzo ¡es tan cansado!».1 La carta está fechada el 18 de julio; el 24 de agosto, la autora moría, con sólo 34 años, en un sanatorio de campaña en Kent, dejando numerosos escritos, en su mayor parte inéditos, en los que quedaba depositada su breve e intensa biografía.
Estas palabras, provocadoras y desafiantes como lo es la totalidad de su obra, proporcionan una presentación insustituible de la misma: son una indicación que orienta la mirada hacia las certezas experimentales en las que se apoya su reflexión, contienen una advertencia de las dificultades de las que ella misma era consciente, constituyen un impulso e incentivo a su lectura por el valor que atribuye a lo que transmite, y pueden ser, en fin, un punto de partida en la celebración del centenario de su nacimiento.
Es ésta una ocasión que marca un tiempo festivo, momento propicio para recoger su interpelación, su petición de esfuerzo, teniendo en cuenta qué ha cambiado, si algo lo ha hecho, desde entonces. De Simone Weil se ha dicho que figuras como la suya "están destinadas a crecer en el tiempo", y el interés que su obra despierta así como su presencia efectiva y eficaz en la vida cultural de la segunda mitad del siglo XX hasta la actualidad, lo corroboran; sin embargo, el tiempo transcurrido no garantiza nuestra idoneidad como lectores, ni exime de la decisión y el trabajo que exige sintonizar con un pensamiento en la frontera entre la filosofía y la mística, la política y la ciencia, la antropología y la estética, la ética y la ontología..., que nos ha llegado parcelado en artículos, notas personales, cartas, algunos poemas, una tragedia inacabada..., y, sin embargo, es, y lo era ya para ella, profundamente unitario e indistribuible.
Al acercarse a sus escritos, conviene, pues, tener muy en cuenta su advertencia: su recepción exige esfuerzo, un esfuerzo del que sus contemporáneos, en su opinión, no parecían capaces. La distancia en el tiempo que nos separa de la redacción de sus obras adquiere, sin embargo, un carácter positivo: su presencia actual, cuando ha cambiado el contexto al que sus escritos remiten directamente, neutraliza las lecturas de quienes consideraron que era más interesante su vida que su obra, y con mayor motivo las de quienes encontraron en sus palabras síntomas de la megalomanía de quien se cree inspirada. Weil fue, ante todo, una pensadora que supo mirar y ver lo que hay y, quizá sobre todo, lo que falta. La validez actual del diagnóstico que elabora de nuestra civilización da testimonio de que también supo decirlo, desconcertando e incomodando a sus contemporáneos, pero consiguiendo, como era su aspiración, «escribir cosas eternas»,2 que hoy nos animan a reparar en su capacidad de permanencia y a atender a lo que podría ser el germen de su actualidad, sabiendo, como ella misma advertía, que su pensamiento, esencialmente ligado a su breve pero compleja biografía, no admite simplificaciones; sus escritos recogen un asiduo y metódico trabajo que conduce a una lúcida descripción de la realidad cuya comprensión pide y provoca una suerte de implicación personal. Tal vez por eso Gabriella Fiori dirá que hay que leerla «en pequeñas dosis».
Políticamente comprometida, Simone Weil escribió durante uno de los periodos más oscuros y difíciles de la historia reciente de Europa, en los que intervino con voz propia en la medida en que los vivió en primera persona; situándose en el centro de los conflictos más decisivos, encontró ahí, como ha señalado Laura Boella, «el núcleo fundamental de su amplia reflexión sobre el trabajo, la técnica, la política, lo sagrado» y el modo de trazar con su escritura la palabra anónima que nombra la realidad y es capaz de transformarla.
En este sentido, Simone Weil es una pensadora de la experiencia, movida por la decisión de estar en el «corazón de la historia», «latiendo con el universo entero», según la expresión de Simone de Beauvoir, con la voluntad, como también se ha dicho, de «someterse a la prueba de lo real»; pero es una pensadora de la experiencia, sobre todo, porque parece dotada de una singular capacidad de acogerla, en virtud de la actitud, intelectual y personal, que desde el comienzo adopta, una actitud de espera (attente) que es, ante todo, atención y corresponde, literalmente, al modo de proceder de la filosofía: «El método propio de la filosofía consiste en concebir claramente los problemas insolubles en su insolubilidad, después en contemplarlos sin más, fijamente, incansablemente, durante años, sin ninguna esperanza, a la espera», escribe también en sus notas de Londres.
Carmen Revilla Guzmán
1 Carta del 18 de julio de 1943 en Simone Weil, Escritos de Londres y últimas cartas, traducción de Maite Larrauri, Madrid, Trotta, 2000, p. 194.
2 «Habría que escribir cosas eternas para estar seguros de que serían de actualidad», escribe a sus padres en febrero de 1943, en Escritos de Londres y últimas cartas, ed. cit., pp. 178-179.